Un Matrimonio de Patricios Romanos en el año 215 a.C. (Cuarta Parte)

08/27/2014

La celebración

 

Todos están expectantes. De pronto entra un popa, el victimario, el sacrificador, trae consigo un cordero que es llevado con calma hasta el altar de la familia. El hermano de la novia sacrifica al animal y vierte su sangre en honor a los dioses. Lentamente se retira dejando al animal muerto.

 

 

El auspex de la familia de la noviase acerca hasta donde está el animal muerto. Es un hombre viejo, que con dificultad y apoyado en un bastón camina. Toda su vida se ha dedicado a predecir el futuro mirando el vuelo, fijándose en el canto y en la forma de comer de las aves. Es un augur, un adivino.

 

Mira al cordero sacrificado, con sus manos largas y cansadas retira las entrañas y las vierte en el altar. Todo es silencio. El anciano mira con detenimiento aquellas viseras. Luego de unos momentos, levanta su mirada, todos están muy atentos a su vaticinio. Con voz ronca y áspera, mirando fijamente a los novios, dice.

 

Los auspicios son buenos, no veo nada malo ni inusual en las entrañas, está unión cuenta con el favor de los dioses, la celebración puede continuar.

 

Los novios respiran aliviados, sienten que un gran peso ha sido removido de sus cuerpos.

 

El hermano de la novia toma las tabulae nuptiales que van firmando los diferentes amigos y familiares de los novios, hasta conseguir los diez testigos necesarios para validar la unión que va a ocurrir.

 

Al finalizar entra la pronuba, la madrina de bodas, vestida de blanco y se coloca en el centro del atrio. Su hermano la acompaña hasta ponerla frente a la mujer, la madre del novio acompaña a su hijo de igual manera. La pronuba toma la mano derecha del novio y de la novia y las junta frente a ella. Reina nuevamente el silencio en el atrio. El viento recorre suavemente y mece delicadamente las ramas de los arboles del jardín.

 

Al unísono se escuchan las voces de los novios pronunciando la fórmula nupcial sagrada de Roma.

 

-Ubi tu Gaius, ego Gaia –pronuncia el novio.

 

-Donde tu Gayo, yo Gaya – dice la novia.

 

Los presentes rompen el silencio, se escuchan vítores y palmas, surge la alegría en el atrio y los gritos de, ¡feliciter!, ¡feliciter!, ¡buena suerte!, ¡que les vaya bien!

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